Los ataques aéreos israelíes contra instalaciones petroleras en Teherán el 7 de marzo liberaron casi 30.000 toneladas de dióxido de azufre, igualando las emisiones de una pequeña erupción volcánica. La nube se extendió por 300.000 kilómetros cuadrados, llegando a varios países asiáticos.
Los ataques impactaron múltiples depósitos de petróleo y una refinería, provocando incendios que ardieron durante días. Lluvia negra cayó sobre la capital, y los residentes experimentaron irritación ocular y cutánea, además de dificultades respiratorias. Los datos satelitales mostraron la nube de dióxido de azufre desplazándose sobre Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguistán, Kazajistán y China.