Un método propuesto para enfriar el planeta mediante la pulverización de azufre cerca de los polos podría poner a los pasajeros y a la tripulación de las aerolíneas comerciales en riesgo de inhalar niveles peligrosos de ácido sulfúrico. La técnica utilizaría aviones Boeing 777 modificados en rutas polares. Los investigadores advierten que las concentraciones podrían superar los límites de seguridad establecidos por la Unión Europea.
El enfoque tiene como objetivo reflejar la luz solar y reducir las temperaturas globales entre 0,6 y 1,0 °C mediante inyecciones de 12 millones de toneladas de dióxido de azufre al año. Las simulaciones sitúan las emisiones cerca del Polo Norte de marzo a junio y del Polo Sur de septiembre a diciembre. Las rutas de vuelo polares que conectan Asia y América del Norte se cruzarían con las columnas resultantes.
Alan Robock, de la Universidad de Rutgers, señaló que los aviones de pasajeros vuelan a las mismas altitudes donde se depositaría el azufre. Los modelos muestran que las concentraciones en cabina podrían alcanzar más de 50 microgramos por metro cúbico en algunas áreas, por encima del umbral de peligrosidad de la Unión Europea.
La exposición al ácido puede irritar la garganta, inflamar los pulmones y provocar ataques de asma. Wake Smith, de la Universidad de Harvard, afirmó que cualquier despliegue aún está a muchas décadas de distancia, lo que permite tiempo para mejorar los filtros de aire de la cabina. Daniele Visioni, de la Universidad de Cornell, describió los hallazgos como preliminares, pero no como un impedimento definitivo para el concepto.