El prominente vlogger de seguridad vial James Deakin compartió una cuenta viral del frustrante encuentro de su hijo de 19 años, Daniel, con la Oficina de Transporte Terrestre (LTO). En lugar de abordar la queja, la agencia investigó los registros de vehículos de Deakin y encontró documentación inadecuada del importador al concesionario. El episodio resalta las tácticas de autopreservación burocrática en Filipinas contra quejas públicas.
James Deakin, un conocido vlogger de seguridad vial, atrajo atención después de quejarse del encuentro de su hijo de 19 años, Daniel, con un agente de LTO en Metro Manila. Daniel fue detenido por cambiar de carril abruptamente —una maniobra prohibida— y el oficial añadió conducción temeraria al multazo. Para enseñar responsabilidad a su hijo, Deakin optó por la vía formal en lugar del común 'areglo' o soborno. Pagaron la multa de ₱2.000, pero la licencia fue retenida por falta de Recibo Oficial (OR) y Certificado de Registro (CR), con la ventana de 15 días ya expirada —incluyendo ocho días de fines de semana y feriados cuando las oficinas estaban cerradas. Frustrado por el trato injusto, Deakin publicó su experiencia en redes sociales para alertar a las autoridades, esperando impulsar reformas como horarios extendidos y mejor atención al cliente. Miles compartieron su publicación, que se volvió viral, atrayendo entrevistas mediáticas y llevando a la Autoridad Antilazo Rojo a investigar si LTO violó regulaciones de facilidad para hacer negocios. En lugar de reflexionar, LTO contraatacó agresivamente. Revisó registros y descubrió que el vehículo no estaba debidamente registrado —el documento era del importador al concesionario, no del concesionario al comprador. El concesionario ahora arriesga revocación de licencia. Los 15 días eran días calendario, no hábiles, sin afectar feriados. Este caso ilustra un patrón típico de represalias en agencias filipinas, donde las quejas provocan escrutinio al quejoso en vez de autoexamen. Refleja sistemas de reglas duales: uno formal engorroso que crea tensión estructural, llevando a prácticas informales como gestores y placas temporales. En última instancia, individuos como Deakin sirven de ejemplos disuasorios: seguir las reglas puede llevar a castigo, no recompensa.