Nigeria enfrenta graves desafíos económicos, incluida una inflación superior al 30 % e infraestructuras poco fiables, pero su gente muestra una notable adaptabilidad. La vida cotidiana varía por región e ingresos, con muchos dependiendo de varios empleos para sobrevivir. Los problemas de seguridad y la pobreza afectan a millones, pero los fuertes lazos comunitarios brindan apoyo.
El panorama económico de Nigeria ha empeorado desde 2023, la eliminación de subsidios al combustible disparó una inflación por encima del 30 % y la devaluación de la naira de ₦450 a más de ₦1.750 por dólar. Los precios de los alimentos han subido en picado, un saco de arroz de 50 kg cuesta ahora ₦95.000 frente a ₦25.000 antes, mientras la inflación alimentaria alcanzó el 40 % en 2024. Esto ha erosionado el poder adquisitivo, con un salario de profesor de ₦95.000 en Kano que apenas cubre lo básico, ya que las tarifas de transporte subieron de ₦200 a ₦800.
Los problemas de infraestructura persisten: la mayoría de hogares recibe 4-12 horas de electricidad al día, dependiendo de generadores con combustible a más de ₦1.000 por litro, añadiendo ₦30.000-₦100.000 mensuales. El acceso al agua es irregular, familias de clase media gastan ₦15.000-₦30.000 en camiones cisterna. La atención sanitaria divide clases: consultas privadas cuestan ₦50.000, mientras las públicas sufren escaseces. Las matrículas en escuelas privadas de Lagos van de ₦300.000 a ₦1 millón anuales por niño.
Amenazas de seguridad acechan por regiones: Boko Haram en el noreste, bandidos en el noroeste y ataques separatistas en el sureste. Los secuestros son comunes, lo que lleva a evaluaciones de riesgos para viajes. A pesar de ello, 133 millones viven en pobreza multidimensional, pero el 66 % de los trabajadores son autónomos, con múltiples ingresos. El desempleo juvenil supera el 40 %, impulsando la emigración.
Lazos comunitarios y vitalidad cultural —del Nollywood a los Afrobeats— ofrecen consuelo. En Lagos, una familia de cuatro necesita ₦250.000-₦400.000 mensuales para lo esencial, destacando disparidades regionales donde el norte es más barato pero enfrenta condiciones más duras. Esta resiliencia ante la adversidad define la vida nigeriana.