Los hogares de bajos ingresos en Sudáfrica luchan por permitirse alimentos nutritivos en medio de la inflación creciente, con la subvención de Alivio de la Angustia Social insuficiente para cubrir las necesidades básicas. Datos recientes muestran precios de alimentos en aumento, agravando la desnutrición en familias vulnerables. Grupos de la sociedad civil instan a una acción gubernamental más fuerte para garantizar la seguridad alimentaria.
Las familias de bajos ingresos en Sudáfrica siguen enfrentando difíciles decisiones entre comidas nutritivas y saciantes mientras persiste la inflación alimentaria y los cestos básicos de alimentos siguen fuera de alcance. El seguimiento desde 2022 revela que un cesto de 14 artículos alimentarios básicos cuesta ahora poco más de 370 rands, una ligera caída gracias a la harina y el repollo más baratos. Sin embargo, la inflación anual de alimentos y bebidas no alcohólicas subió al 4,4% en noviembre desde el 3,9% del mes anterior, según el Índice de Precios al Consumidor publicado el 17 de diciembre.
Los precios de la carne han aumentado un 12,2% en el último año, el mayor incremento desde enero de 2018, afectando a la carne de vacuno, cerdo, cordero, oveja y salchichas. En contraste, la leche, los lácteos y los huevos han registrado deflación por sexto mes consecutivo, al -1,2% en noviembre, tras -1,6% en septiembre y -1,5% en octubre.
El cesto completo de 44 artículos del Household Affordability Index asciende a 5.413,53 rands, mientras que un cesto básico de 17 artículos prioritarios –centrado en básicos como arroz, harina de maíz, patatas, cebollas y pollo congelado– cuesta 2.825,33 rands. Según el Pietermaritzburg Economic Justice and Dignity Group, estos alimentos básicos representan el 52% del coste total del cesto y tensionan los presupuestos familiares, obligando a recortes en nutrientes vitales de carne, huevos, lácteos, verduras y frutas. Este cambio promueve la dependencia de alimentos ultraprocesados, perpetuando la desnutrición y dañando la salud, especialmente la de los niños.
Organizaciones civiles como el General Industries Workers Union of South Africa exigen controles de precios en esenciales, nacionalización de sectores alimentarios clave y una renta básica universal de 1.500 rands con incrementos de subvenciones sociales ligados a la inflación. También buscan una Comisión de Competencia más fuerte para combatir la fijación de precios y promover la redistribución de tierras para fortalecer la soberanía alimentaria. El Institute for Economic Justice aboga por ampliar la subvención SRD a una renta básica universal para abordar la pobreza y la desigualdad.
El presidente Cyril Ramaphosa, en el séptimo Social Justice Summit, enfatizó los alimentos como prioridad gubernamental a través de subvenciones sociales y programas de nutrición escolar. Declaró: «La medida última del éxito de nuestra dispensación democrática radica en nuestra capacidad para asegurar que nadie pase hambre.» Estas demandas destacan la necesidad de reformas integrales para combatir el hambre.