En Nueva Caledonia, las elecciones municipales de marzo sirven de ensayo para las provinciales previstas para finales de año. Estas elecciones, pospuestas varias veces, dependen de la adopción de una reforma constitucional. Los partidarios de la independencia instan a una alta participación para influir en las decisiones en París.
La violencia de 2024 ha transformado el panorama político de Nueva Caledonia, polarizando los debates entre partidarios de la independencia y sus oponentes. Las elecciones provinciales, retrasadas cuatro veces en dos años y no celebradas desde 2019, están programadas para finales de año: diciembre si la reforma constitucional que crea un nuevo estatus para el archipiélago es aprobada, o junio si es rechazada. Las elecciones municipales de marzo sirven así como prueba general para medir fuerzas y enviar mensajes a París, donde el proyecto de ley constitucional afronta la revisión del Senado el 24 de febrero. El Front de libération nationale kanak et socialiste (FLNKS), contrario a este nuevo estatus, llama a sus militantes a una fuerte participación. «Para ser oídos hasta en París. Dicen que somos una minoría, demostraremos que no es así», declara Désiré Tein, militante del FLNKS y hermano del presidente del movimiento Christian Tein, quien está en Francia movilizando a los legisladores contra la reforma. En las zonas rurales y las islas, el FLNKS controla 13 de las 33 comunas del territorio y espera un fuerte respaldo. También aspira a captar algunos de los cinco puestos de alcalde controlados por la Union nationale pour l’indépendance (UNI), que apoya el nuevo estatus del acuerdo de Bougival del 12 de julio de 2025 y se ha distanciado del FLNKS.