En el Valle Sagrado de Cusco, agricultoras quechuas como Ruth Flores impulsan la producción agroecológica para sostener a sus familias, pero enfrentan barreras en el acceso a mercados y precios justos. A través de la Asociación Provincial de Productoras Agroecológicas de Calca (Appac), exigen apoyo municipal para transporte, almacenamiento y campañas de alimentación saludable. Expertos destacan la necesidad de inversión estatal para combatir la pobreza rural y promover el desarrollo sostenible.
Ruth Flores, una joven agricultora quechua de 21 años de la comunidad rural de Umachurco en San Salvador, Cusco, cultiva verduras saludables en un invernadero de 100 metros cuadrados que recibió hace dos años gracias a un proyecto del Centro Flora Tristán. Esta iniciativa, financiada por la Agencia Vasca de Cooperación de España y apoyada por Mugen Gainetik, benefició a 80 mujeres de cuatro municipios en la provincia de Calca, proporcionando capacitación en producción agroecológica, como el uso de abonos orgánicos y control natural de plagas, por ejemplo, plantando ajo junto a lechugas para repeler insectos.
A pesar de su entusiasmo, Flores y sus compañeras luchan por vender sus productos. "Con la agroecología estoy sacando adelante a mi hijita porque vendo mis verduras, que son sanas, ricas, naturales; pero necesitamos apoyo de las autoridades para tener mercados y precios justos", dice Flores. La comunidad de Umachurco, a más de 3.500 metros de altura y con unas 200 familias dedicadas a la agricultura familiar, carece de transporte propio y facilidades de almacenamiento, lo que complica el traslado a ciudades.
Martina Santa Cruz, presidenta de Appac —creada en octubre de 2024 con las 80 participantes—, relata sus demandas a los alcaldes: ayuda para transportar y almacenar productos, espacios diferenciados en mercados locales y campañas sobre alimentación saludable y precios justos. "Hemos pedido a nuestros alcaldes que nos apoyen. Nosotras las mujeres del campo hemos cambiado nuestra forma de producir y ahora estamos brindando alimentos sanos no solo para nuestras familias sino también para los consumidores", afirma Santa Cruz, quien equilibra su rol con la crianza de sus hijos y el cuidado de animales en Saccllo, Calca.
Las autoridades han prometido medidas, pero Appac urge pasar de palabras a hechos; ya suministran 30 paquetes mensuales de verduras al municipio de Calca. En Perú, con 34 millones de habitantes, la pobreza rural alcanza el 39% frente al 27% nacional en 2024, agravada por el cambio climático. Ricardo Giesecke, físico y ambientalista, insiste en que la agricultura familiar alimenta al 60-70% de la población y requiere inversión estatal en transporte regulado por municipios y supervisión del Ministerio de Agricultura e Riego. "No puede ser que el Estado no se interese en el sistema de comercialización y transporte", advierte, alertando sobre la migración juvenil hacia la minería por la percepción de pobreza en el campo.
Flores ha ganado confianza suministrando remolachas a una pollería en Calca y lechugas a un puesto de mercado, y participa en ferias mensuales en Cusco con apoyo de Flora Tristán. "Es hora de que nuestras autoridades muestren mayor voluntad para hacer políticas que nos permitan sacar nuestros productos, llevarlos a mercados y venderlos a su valor real", concluye.