En medio de los desafíos de la ASEAN, la democracia filipina sigue resiliente tras años de autoritarismo. A pesar de problemas de corrupción y tensiones políticas, muestra vitalidad a través de protestas públicas y gobernanza independiente. Sin embargo, persisten las preocupaciones sobre el futuro con un posible regreso de dictadores.
Filipinas sobrevivió a los años desafiantes bajo el expresidente Rodrigo Duterte, quien exhibió tendencias autoritarias. En las elecciones de 2022, Ferdinand Marcos Jr. ganó con 31.6 millones de votos, o el 58% del total, mientras que Leni Robredo recibió 15 millones. La alianza Marcos-Sara Duterte se fracturó debido a acusaciones de malversación de fondos y el arresto de Rodrigo Duterte en la Corte Penal Internacional.
En las elecciones midterm de mayo de 2025, la administración solo aseguró seis de los 12 escaños del Senado, señalando una presidencia debilitada. Durante su Discurso sobre el Estado de la Nación en julio de 2025, Marcos expuso a los principales contratistas en proyectos de control de inundaciones, lo que llevó a investigaciones y protestas contra la corrupción que desvió miles de millones de pesos de las iniciativas.
Los ciudadanos se manifestaron contra la manipulación presupuestaria, que resultó en infraestructura subestándar y altas cifras de muertes por desastres. Aunque esto ha obstaculizado el crecimiento económico, Filipinas aún se proyecta como una de las economías de más rápido crecimiento en la ASEAN en 2025. Sin embargo, persisten los temores sobre un posible regreso de Duterte en 2028, que podría repetir errores históricos.
En el contexto más amplio de la ASEAN, Filipinas demuestra resiliencia en comparación con los desafíos en Camboya e Indonesia, donde el control político y las revisiones históricas amenazan la democracia.