En su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2026, el Papa León XIV destaca que el desafío de la inteligencia artificial es antropológico, no solo tecnológico. Llama a las instituciones de educación superior en Colombia a formar capacidades críticas para gobernar estas herramientas, evitando que reemplacen el pensamiento humano. Esta reflexión surge en un contexto de rápida incorporación de IA en universidades, con riesgos de automatización excesiva.
El mensaje del Papa León XIV para la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, emitido en 2026, pone el foco en la inteligencia artificial y su impacto en la educación superior colombiana. Según el pontífice, "el desafío de la inteligencia artificial no es tecnológico, sino antropológico". Cuando algoritmos simulan emociones y decisiones, lo que está en juego es la dignidad humana, el pensamiento crítico y las relaciones auténticas.
En Colombia, las universidades incorporan rápidamente herramientas como chatbots, sistemas de evaluación automatizada y analítica del aprendizaje. Sin embargo, surge una paradoja: mientras se acelera la adopción tecnológica, no se forma con igual urgencia la capacidad para comprender y cuestionar estas innovaciones. El riesgo es evidente: pasar de educar personas a entrenar usuarios, y de formar criterio a optimizar respuestas.
La brecha digital persiste en el país, con alfabetización crítica desigual y presiones financieras en el sistema educativo que favorecen soluciones tecnocráticas. La IA podría convertirse en un atajo que ofrece más cobertura pero menos reflexión, más automatización y menos humanidad. El Papa advierte: "cuando delegamos el pensamiento, la creatividad y el juicio ético a las máquinas, no ganamos tiempo; perdemos humanidad".
La educación superior tiene una responsabilidad clave. Debe integrar transversalmente la alfabetización en IA, ética digital y pensamiento crítico en todos los programas, no como cursos aislados sino como competencias esenciales. Es vital que la IA complemente la relación pedagógica y el acompañamiento docente, sin reemplazarlos. Además, se requiere formar a los profesores en competencias técnicas y en juicio ético frente a la tecnología.
En última instancia, las instituciones de educación superior son espacios para custodiar el rostro humano, decidiendo si la tecnología amplía la humanidad o la empobrece.