Alfredo Enrione, director del Centro de Gobierno Corporativo y Sociedad de la ESE Business School, responde a César Barros sobre su análisis de accidentes empresariales. Disiente de que el caso El Teniente fuera menos predecible que La Polar, argumentando que las señales de riesgo eran evidentes en datos sísmicos y reportes de Sernageomin.
En una carta publicada en La Tercera el 22 de marzo de 2026, Alfredo Enrione agradece a César Barros su lectura de su ensayo y la comparación con el caso La Polar, pero añade un matiz clave. Barros había concluido que El Teniente era “menos predecible” que La Polar, pero Enrione discrepa: “es exactamente al revés, y esa es la paradoja que hace la tragedia aún más perturbadora”.Explica que en La Polar el fraude estaba en los libros contables, requiriendo un ojo fino para detectarlo. En contraste, en El Teniente de Codelco, “la señal estaba en la roca misma”. Menciona datos sísmicos existentes, informes de Sernageomin y un estallido de roca en la zona Andesita en 2023 sin víctimas fatales, como un aviso ignorado.Enrione atribuye el problema a una “arquitectura de incentivos que castigaba más la caída de producción que la muerte de un trabajador”. Destaca la diferencia: en La Polar, el directorio no vio señales en el balance; en Codelco, el directorio “no tuvo las herramientas para preguntar por señales que la montaña ya había emitido”. Concluye que no es un problema de honestidad, sino de diseño, resoluble con reformas, no condenas.