La industria textil argentina atraviesa una grave crisis, marcada por altos costos, caída en la demanda y cierres de fábricas, avivada por críticas del ministro de Economía Luis Caputo a los precios locales. Empresarios del sector rechazan las declaraciones oficiales y piden reformas para mejorar la competitividad sin perder empleos. Se propone el modelo italiano de pymes especializadas como alternativa a la protección eterna.
La industria textil argentina, que emplea directamente o indirectamente a 539.000 trabajadores y representa el 2,8% del empleo total, se encuentra en un momento crítico. En provincias como Catamarca y La Rioja, el 40% del empleo industrial privado depende de este sector, que cuenta con una cadena de valor completa desde la producción de fibras hasta la comercialización de marcas regionales.
Recientes declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, reavivaron el debate: “Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo”, afirmó, añadiendo que los precios locales son de cinco a diez veces más altos que en el exterior. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, propuso priorizar a los 47 millones de argentinos sobre la protección industrial, citando un jean que cuesta 100 dólares localmente frente a 25 dólares importado.
Empresarios como Marco Meloni, vicepresidente de la Fundación Proteger, cuestionan este enfoque: “Uno de los mayores problemas que tenemos ahora es la demanda”, explicó, señalando que la indumentaria se ha convertido en un consumo secundario ante el alza de tarifas. Meloni detalló que el transporte y la logística subieron entre el 100% y el 150% en dólares, y que la capacidad instalada opera al 25-35%, con cerca de 500 fábricas cerradas y más de 17.000 puestos formales perdidos.
Camilo Alan, con más de 60 años en el rubro, criticó a Caputo: “Un ministro de Economía no puede decir esas pavadas, es una falta de respeto a la gente que trabaja”. Alan enfatizó que venden por debajo del costo y que el problema es la falta de consumo, no los precios: una camisa cuesta 39.900 pesos, una remera 13.000. Alertó sobre importaciones masivas y plataformas extranjeras que “te destruyen”.
Los altos impuestos representan el 50% del precio de una prenda premium, sumados a costos logísticos —más caro transportar de Catamarca a Buenos Aires que importar de China— y brechas salariales: un trabajador argentino gana 1.000 dólares mensuales, contra 135-140 en Bangladesh. Las ventas cayeron 7,7% en el segundo trimestre de 2023, con 14.000 a 17.700 empleos perdidos en dos años.
Para salir de la crisis, se sugiere desmantelar presiones fiscales, mejorar eficiencia y enfocarse en nichos de valor agregado, como el modelo italiano donde pymes representan más del 60% de las exportaciones mediante diseño y sostenibilidad, en lugar de competir en volúmenes masivos con Asia.