Desde el 10 de diciembre, Australia impide que menores de 16 años creen cuentas en plataformas como TikTok e Instagram para proteger su salud mental. La medida busca regular el acceso sin supervisión a contenidos riesgosos, aunque genera debate sobre si la prohibición es la mejor vía. Expertos destacan tanto los beneficios como los peligros de las redes sociales para los jóvenes.
El gobierno australiano implementó una prohibición audaz el miércoles 10 de diciembre de 2025, impidiendo que menores de 16 años abran cuentas en redes sociales populares como TikTok, Instagram, Facebook, Snapchat y YouTube. Esta decisión responde a preocupaciones por la salud mental de los jóvenes, especialmente en un contexto donde las plataformas son esenciales para las relaciones, el aprendizaje y la exploración identitaria.
Estudios citados indican que el uso moderado de redes sociales se asocia con mayor bienestar y apoyo social. Sin embargo, el consumo intensivo, particularmente en niños de 10 a 15 años, eleva el riesgo de síntomas depresivos y ansiosos en un 13,5% por cada hora adicional. Adolescentes introvertidos, con baja autoestima o relaciones sociales limitadas son más vulnerables, al igual que las niñas, expuestas a presiones de belleza que pueden derivar en desórdenes alimenticios. Además, existe el peligro de contenido sin supervisión sobre violencia, autolesiones y conductas de riesgo, fomentando efectos de contagio.
Antonia Larraín, vicerrectora académica de la Universidad Alberto Hurtado, ve la medida como un paso correcto que interpela a las plataformas para mayor regulación y resguardo de espacios seguros. Argumenta que, pese a las complejidades de las prohibiciones —que pueden aumentar la curiosidad y reducir la autonomía moral—, refleja un posicionamiento societal de cuidado.
En contraste, Mauricio Bravo, vicedecano de la Facultad de Educación de la Universidad del Desarrollo, critica la prohibición como paternalista e ineficaz. Sostiene que empuja el uso a la clandestinidad, donde los jóvenes usan cuentas falsas o VPN, incrementando riesgos como el grooming sin mecanismos de control. Propone en cambio fortalecer la alfabetización digital, el acompañamiento adulto y la educación en privacidad y autorregulación para preparar a los jóvenes en un mundo hiperconectado.