China ha desplegado 2.000 servidores bajo el océano para hacer frente a la creciente demanda energética de la inteligencia artificial.
El proyecto tiene como objetivo reducir la efectividad del uso de la energía en los centros de datos aprovechando la refrigeración submarina. Este enfoque marca un cambio a medida que las demandas de la IA empujan a la infraestructura hacia nuevos entornos.