La senadora Juanita Guerra fue captada usando un salón de belleza dentro del Senado el 4 de febrero de 2026, desatando una polémica que resultó en su clausura inmediata. Andrea Chávez negó cualquier relación con el espacio y reveló usar una Dyson en casa. En la Cámara de Diputados existe un salón similar, accesible al público y autofinanciado desde 2007.
El 4 de febrero de 2026, reporteros captaron a la senadora del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Juanita Guerra Mena, solicitando un tinte en un salón de belleza ubicado en el segundo piso del Senado de la República, un espacio previamente ocupado por una oficina de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). En un video difundido en redes sociales, Guerra comentó: “¿Cuál servicio? ¿Cómo servicio? ¿Usted no se hace tinte? Porque aquí viene personal de la Cámara, pero tiene un costo (...) No sé (si está enterada la Jucopo)”. Horas después, personal de resguardo colocó sellos de clausura en la puerta, mientras se revisa su situación legal. El salón, operado por la estilista Jazmín Espíndola durante aproximadamente un año, ofrecía servicios como tinte, peinado, maquillaje y tratamientos de uñas sin tarifa fija, con pagos directos y horario de 7:00 a 14:00 horas los martes y miércoles durante sesiones del Pleno.
La presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo Juárez, defendió el espacio: “Cada una de las senadoras paga el servicio que se hace”. Explicó que no hay financiamiento institucional y que es comparable al salón de la Cámara de Diputados. Inicialmente, medios como Reforma vincularon el salón a la senadora de Morena, Andrea Chávez Treviño, pero ella lo desmintió en X: “FALSO. Ni habilité ningún salón de belleza, ni soy la de la foto, ni me peino en el Senado, ni me peina nadie. Tengo una Dyson, me peino en mi casa, y no tengo nada que ver con la película que se montaron”.
En la Cámara de Diputados, un salón similar opera desde hace más de 30 años en San Lázaro, atendiendo a unos 5,000 visitantes diarios, incluyendo legisladores, personal administrativo y periodistas. La senadora Amalia García de Movimiento Ciudadano confirmó: “No lo paga en absoluto (el Poder Legislativo), cada quien (paga). Esto existe desde hace más de 30 años”. Servicios como corte y peinado cuestan 200 pesos, y tintes varían según el cliente. Originalmente financiado por el erario, se volvió autofinanciado tras una iniciativa de la diputada María Elena Álvarez Bernal en junio de 2007, que argumentó no haber justificación para gastos públicos en estética. Está a cargo de estilistas como 'Luisito', quien atiende también una estética externa.