Las tarjetas de crédito vinculadas a criptomonedas han experimentado un crecimiento explosivo, con volúmenes de pagos que han pasado de 100 millones de dólares mensuales a principios de 2023 a más de 1.500 millones a finales de 2025. Esta tendencia une los pagos tradicionales y los activos digitales, incorporando nuevos usuarios mientras mejora la utilidad para los titulares de cripto. Sin embargo, su dependencia de infraestructuras establecidas plantea preguntas sobre la verdadera innovación en las finanzas.
El auge de las tarjetas crypto representa un cambio sutil en la forma en que los activos digitales se integran en el gasto cotidiano. Estas tarjetas imitan las opciones familiares de crédito y débito pero se vinculan a billeteras de criptomonedas, permitiendo a los usuarios gastar tokens convertidos a fiat a través de redes como Visa y Mastercard. Esta configuración permite la aceptación en más de 110 millones de comercios en 150 países, evitando la necesidad de adopción directa de cripto por parte de los negocios. Los volúmenes han crecido rápidamente. Comenzaron en aproximadamente 100 millones de dólares por mes a principios de 2023 y alcanzaron más de 1.500 millones a finales de 2025, aunque esto sigue siendo una pequeña porción de los billones en pagos globales anuales. La confianza de los inversores es evidente: Rain, un proveedor de infraestructura para tarjetas de stablecoin, recientemente aseguró 250 millones de dólares en financiación con una valoración cercana a los 2.000 millones tras solo cuatro años de operación. Las tarjetas crypto se dividen en categorías de débito/prepago y crédito. Las versiones de débito restan de las billeteras, convirtiendo activos a fiat para las transacciones, a menudo obteniendo recompensas. Aunque cada gasto genera un evento imponible, las stablecoins minimizan problemas de ganancias y pronto podrían evitar requisitos de reporte. Los modelos de crédito incluyen tarjetas ligadas a cuentas bancarias con recompensas en cripto, atrayendo a usuarios no cripto, o aquellas respaldadas por activos pignorados para líneas de crédito con intereses más bajos sin impuestos inmediatos. Los beneficios son claros: los gastadores tradicionales entran en el mundo cripto vía recompensas, mientras que los titulares obtienen poder de gasto global. Sin embargo, persisten desafíos. Estas tarjetas se liquidan vía sistemas tradicionales, no rails de blockchain, limitando potencialmente la descentralización. Los comercios prefieren el fiat familiar pese a procesos más lentos y costosos. De cara al futuro, innovaciones como rendimientos DeFi en saldos o liquidaciones en stablecoin podrían ofrecer opciones más rápidas y económicas. Las tarjetas podrían evolucionar para que los comercios elijan fiat o stablecoins, ayudando en necesidades transfronterizas. Aun así, los hábitos de los usuarios priorizan la simplicidad, sugiriendo que las tarjetas crypto podrían impulsar cambios más amplios sin alterar rutinas, similar a cómo los móviles se basaron en la familiaridad de las llamadas para introducir nuevas funciones.