La posible desaparición del partido pro-democracia más antiguo de Hong Kong, el Partido Demócrata, marca el fin de una era definida por una mentalidad de grupo de presión colonial en la búsqueda de reformas democráticas. El autor argumenta que el fracaso del movimiento se debe a un escepticismo arraigado hacia el gobierno central y a la dependencia de la presión occidental en vez de diálogo con Pekín.
La desaparición del Partido Demócrata marcará el fin de una era, una en que una mentalidad de grupo de presión colonial dictaba la búsqueda de reformas democráticas en Hong Kong, mentalidad que, lamentablemente, estaba destinada a asegurar el fracaso de esa búsqueda. Como el partido pro-democracia más antiguo de Hong Kong, el Partido Demócrata fue la vanguardia del movimiento antes de la devolución. En cierto modo, el partido nació con una mentalidad política arraigada en valores de la era colonial, caracterizada por un escepticismo profundo hacia el gobierno central.
Tras la devolución, el escepticismo colonial continuó manifestándose como falta de confianza, fomentando la creencia de que cualquier comunicación con Pekín solo llevaría a la asimilación o a una traición peligrosa de los valores del movimiento. Así, el movimiento liderado por el Partido Demócrata creía firmemente que la única vía para la democracia en Hong Kong era generar máxima presión política y social, incluida de gobiernos occidentales, para forzar a Pekín a ceder ante sus demandas de una democracia ideal al estilo occidental.
«El único aspecto desesperanzador es el pensamiento erróneo de que Hong Kong puede tener democracia sin la bendición del gobierno central.» Palabras clave: era colonial, un país dos sistemas, artículos 45 y 68 de la Ley Básica, Partido Demócrata, Partido Cívico y Pekín.