Ante la deuda, la crisis ambiental y la inseguridad, muchos franceses sienten que el Estado ya no está a la altura de los desafíos. Algunos aceptarían a un líder autoritario para evitar el colapso, incluso a costa de la democracia. La elección de Donald Trump ha servido de conmoción para algunos.
Los franceses se sienten rodeados de grandes problemas, entre ellos la deuda pública, la crisis ambiental y el aumento de la inseguridad. Ven al Estado como impotente ante estos desafíos, lo que fomenta crecientes dudas sobre la democracia. Para evitar un posible colapso, una parte de la población considera la llegada de un hombre fuerte al poder, dispuesto a recortar las libertades democráticas.
Aurélien, un treintañero del 10º arrondissement de París, ejemplifica este sentimiento. Padre de un recién nacido y aficionado al fútbol, lleva una vida personalmente plena pero alberga una profunda ira hacia la «flacidez política francesa» que ha conocido desde la infancia. La segunda elección de Donald Trump en Estados Unidos actuó como un «electrochoc» para él: «Me di cuenta, por primera vez en mi vida, de que la política podía tener un impacto real», comparte. En Francia, en su opinión, en los últimos veinte años, independientemente del líder, «absolutamente nada cambia. O solo en los márgenes y a menudo para peor».
Esta gran narrativa pone de relieve la frustración generalizada, donde la inacción política lleva a algunos a cuestionar los fundamentos del sistema democrático.