Más de 300 periodistas del Washington Post fueron despedidos recientemente, lo que representa el 30% de su plantilla, afectando gravemente la cobertura deportiva, local e internacional. Ex empleados como Nilo Tabrizy y Karen Attiah han expresado su dolor y decepción por la gestión de Jeff Bezos, quien adquirió el periódico en 2013. Los recortes han generado protestas y cuestionamientos sobre el compromiso del magnate con el periodismo.
El Washington Post, institución periodística de casi 150 años, enfrenta una crisis profunda tras despedir a más de 300 empleados, incluyendo a todo el equipo de corresponsales y editores de Oriente Medio. Nilo Tabrizy, reportera investigativa especializada en Irán, fue una de las afectadas y describió el ambiente como de duelo generalizado: “Todo el mundo está de luto. No tuvieron la dignidad de mirarnos a los ojos”. Los despidos se anunciaron en una reunión virtual a las 8:30 a.m., seguida de correos electrónicos impersonales, mientras el editor Will Lewis asistía a un evento relacionado con el Super Bowl.
Karen Attiah, ex editora de opiniones globales contratada en 2014 poco después de la compra del periódico por Bezos, recordó cómo el respaldo financiero inicial revitalizó la publicación, permitiendo libertad creativa y un enfoque global. Sin embargo, criticó el giro actual: “El periodismo merece algo mejor que un dueño multimillonario que decide que hacer fiestas en Europa es más importante que la vida de las personas”. Attiah fue despedida el año pasado por publicaciones en redes sociales sobre violencia armada y raza tras la muerte del activista conservador Charlie Kirk.
Los recortes siguen a la pérdida de más de 250.000 suscriptores digitales en 2024, después de que el Post decidiera no respaldar a Kamala Harris en las elecciones presidenciales. Además, Amazon de Bezos donó un millón de dólares al fondo inaugural de Donald Trump. Periodistas despedidos protestaron frente a la sede, con Ben Brasch exclamando: “¡Estos despidos son vergonzosos!”. Tabrizy destacó el impacto en la cobertura internacional, como su última historia sobre el despliegue militar estadounidense en el Golfo Pérsico, y lamentó la falta de protección para trabajadores locales en el extranjero. Attiah señaló que quedan menos de 30 periodistas negros en el Post, y ella era la última columnista de opiniones negra a tiempo completo. Este “baño de sangre” ha transformado el lema del Post, “La democracia muere en la oscuridad”, en una realidad sombría para sus ex empleados y lectores.