Las discográficas y empresas tecnológicas están abordando el uso no autorizado de obras de artistas para entrenar generadores de música con IA como Udio y Suno. Acuerdos recientes con grandes sellos buscan crear nuevas fuentes de ingresos, mientras herramientas innovadoras prometen eliminar contenido sin licencia de los modelos de IA. Los artistas permanecen cautelosos ante el impacto de la tecnología en sus medios de vida.
El auge de la música generada por IA ha suscitado preocupaciones sobre infracciones de derechos de autor, ya que empresas como Udio y Suno han entrenado sus modelos en miles de millones de puntos de datos de canciones creadas por humanos sin permiso de los artistas. Estos sistemas de IA, incluidos otros como Soundful, Boomy, Musicfy y Playbeat, analizan estadísticamente las estructuras de las canciones para producir nuevos temas basados en indicaciones de los usuarios, como crear una canción himno en el estilo de The Strokes, The White Stripes y Arcade Fire. Los críticos sostienen que este proceso equivale a una regurgitación sofisticada más que a una verdadera innovación, sin riesgo de que la IA produzca figuras como Paul McCartney o Bob Dylan. Se han presentado desafíos legales, pero hay progresos en marcha. Universal Music Group y Warner Music, dos de los tres grandes sellos discográficos, han llegado recientemente a un acuerdo con Udio, prometiendo nuevos acuerdos de licencias para abrir flujos de ingresos para los artistas en 2026. Sony Music, sin embargo, continúa con su litigio. Los defensores sugieren que los artistas pueden optar por no incluirse en los datos de entrenamiento, aunque los sellos advierten que esto podría significar renunciar a la compensación. El cantautor canadiense Mac DeMarco expresó escepticismo ante The Globe and Mail: «Pronto todos seremos solo baterías, como en The Matrix». Los artistas se preocupan por el raspado indetectado de su trabajo y su potencial para socavar su control sobre la propiedad intelectual, evocando promesas incumplidas de la era del streaming. Están surgiendo soluciones: Musical AI, respaldada por nueva financiación, ofrece un modelo de atribución para identificar influencias en las salidas de IA y permitir bajas. Mientras tanto, la firma israelí Hirundo desarrolla tecnología de «olvido mecánico», comparada por el cofundador Ben Luria con el neuralizador de Men in Black. Luria explicó: «A medida que los sistemas de IA generativa se vuelven más capaces, chocan cada vez más con la ley de derechos de autor, especialmente en la música y otros campos creativos». Añadió: «Los creadores deberían poder decir: ‘No consentí esto’, y debería haber una forma práctica para que las empresas lo corrijan de verdad, no solo disculparse». Esta situación es paralela a las disputas por sampling de los años 80, donde la tecnología superó a la regulación, lo que llevó a nuevos protocolos. Los expertos anticipan una resolución similar para la IA, que podría tomar años para estabilizar la industria.