Investigadores han desarrollado un método para medir cómo emerge la realidad objetiva de la difusividad cuántica, mostrando que incluso observadores imperfectos pueden llegar a un consenso. Esto se basa en el darwinismo cuántico, una idea propuesta en 2000, al demostrar que mediciones simples son suficientes para acordar propiedades clásicas. El trabajo sugiere puentes hacia pruebas experimentales en dispositivos cuánticos.
El mundo cuántico parece difuso, con objetos como átomos existiendo en múltiples estados posibles hasta que se observan. Sin embargo, la experiencia cotidiana revela una realidad clásica y definida donde los observadores acuerdan propiedades como el color de un objeto o la frecuencia de la luz. Para abordar este rompecabezas, los físicos han explorado durante mucho tiempo mecanismos que transforman la ambigüedad cuántica en objetividad compartida. En 2000, Wojciech Zurek en el Los Alamos National Laboratory introdujo el darwinismo cuántico, comparando el proceso con la selección natural. En este marco, los estados cuánticos más 'aptos' —aquellos mejores para replicarse a través de interacciones ambientales— se convierten en los que perciben los observadores, creando copias idénticas accesibles para múltiples espectadores. Un estudio reciente de Steve Campbell en University College Dublin y colegas avanza esta idea. Reformulan la emergencia de la objetividad como un problema de detección cuántica, usando la información de Fisher cuántica (QFI) como referencia para mediciones ideales. Sus cálculos revelan que para fragmentos de realidad suficientemente grandes, incluso observaciones subóptimas permiten a los observadores converger en los mismos hechos. «Si un observador captura algún fragmento, puede elegir hacer cualquier medición que quiera. Yo puedo capturar otro fragmento, y puedo elegir hacer cualquier medición que quiera. Entonces, ¿cómo surge la objetividad clásica? Ahí es donde empezamos», explicó Campbell. Gabriel Landi en la University of Rochester señaló: «Una medición tonta puede funcionar tan bien como una mucho más sofisticada». Esto implica que la classicidad surge cuando los fragmentos son lo suficientemente grandes para que sondas simples produzcan consenso, explicando por qué acordamos rasgos macroscópicos como el tono de una taza de café. Expertos elogian el enfoque. Diego Wisniacki en la University of Buenos Aires dijo que muestra que las mediciones perfectas no son necesarias y podría vincular el darwinismo cuántico con experimentos con qubits. G. Massimo Palma en la University of Palermo lo llamó otro 'ladrillo' hacia la validación experimental, aunque se necesitan modelos más complejos. El equipo planea pruebas con qubits de iones atrapados para comparar cronogramas de emergencia de objetividad contra duraciones conocidas de coherencia cuántica. Publicado en Physical Review A, este trabajo fortalece el poder explicativo del darwinismo cuántico.