Elsa Johnson, estudiante de tercer año en la Universidad de Stanford y editora en jefe de The Stanford Review, testificó ante el Congreso que cree que ella y su familia fueron blanco de un esfuerzo vinculado al gobierno chino para intimidarla, el cual incluyó contacto en línea, mensajes amenazantes y advertencias del FBI sobre una posible vigilancia física.
Elsa Johnson, estudiante de tercer año en la Universidad de Stanford y editora en jefe de The Stanford Review, testificó ante un comité del Congreso el jueves 26 de marzo de 2026, describiendo lo que calificó como una campaña de represión transnacional vinculada al Partido Comunista Chino.
En su testimonio, Johnson señaló que sus preocupaciones comenzaron durante su primer año mientras trabajaba como asistente de investigación en la Hoover Institution de Stanford. Indicó a los legisladores que fue contactada en redes sociales por un hombre que se identificó como “Charles Chen” y que parecía estar relacionado con Stanford, utilizando imágenes de la universidad para reforzar su credibilidad.
Johnson comentó que la conversación pasó rápidamente de preguntas básicas sobre su formación a esfuerzos persistentes para trasladar sus comunicaciones a WeChat, plataforma que describió como vigilada por las autoridades chinas. También afirmó que el hombre intentó persuadirla para viajar a Shanghái con lo que describió como un itinerario de vuelo prepagado.
Johnson explicó al comité que la situación se agravó cuando la cuenta comentó públicamente en su Instagram, en mandarín, exigiendo que borrara capturas de pantalla de su conversación, capturas que ella aseguró no haber mencionado públicamente.
Según el relato de Johnson, el FBI le informó posteriormente que la persona que usaba el nombre de “Charles Chen” estaba probablemente vinculada al Ministerio de Seguridad del Estado de China y que pudo haber contactado al menos a otras 10 estudiantes desde 2020.
Johnson también declaró que, después de publicar una investigación sobre el incidente, comenzó a recibir llamadas intimidatorias en mandarín, incluyendo una que mencionaba a su madre. Testificó que en otoño, el FBI le advirtió que ella y su familia estaban bajo vigilancia física vinculada al Partido Comunista Chino.
Johnson criticó la respuesta de Stanford. Informó a los legisladores que los administradores enviaron un correo electrónico diciendo que la universidad tomaba el asunto en serio, pero finalmente le comunicaron que “no hay nada que puedan hacer realmente al respecto”. También señaló que la Oficina del Vicerrector de Equidad Institucional, Acceso y Comunidad de Stanford no la asistió y que la universidad no remitió su caso a las autoridades, lo que, según dijo, la obligó a contactar al FBI por su cuenta.
“Yo era una estudiante de primer año navegando por una operación de inteligencia extranjera sin ningún apoyo institucional”, dijo Johnson al comité.
La congresista Elise Stefanik destacó más tarde el relato de Johnson en redes sociales, describiendo a las universidades estadounidenses como “objetivos fáciles” para adversarios extranjeros.
Johnson instó a las universidades a crear canales seguros y anónimos para denunciar sospechas de intimidación extranjera. “Se supone que las universidades estadounidenses deben ser lugares donde la gente pueda pensar y hablar libremente”, dijo. “En este momento, para muchos estudiantes, no lo son”.