El presidente de EE.UU. Donald Trump ha anunciado aranceles de hasta el 25 % a países que mantienen lazos comerciales con Irán, en respuesta a la violenta represión de protestas allí. La decisión pone a Brasil en alerta, arriesgando exportaciones de carnes y otros productos del agonegocio. Expertos advierten de posibles tensiones comerciales e impactos económicos significativos.
La decisión de Donald Trump de imponer aranceles de hasta el 25 % a naciones que comercian con Irán busca aislar económicamente a Teherán y castigar a socios indirectos del régimen, tras la violenta represión de protestas en Irán. Anunciada recientemente, la medida amenaza el comercio exterior de Brasil, particularmente sectores como las proteínas animales, donde el mercado iraní es estratégicamente importante, aunque no el mayor socio. Manuel Furriela, máster en Derecho Internacional, explica que «no es una medida sin precedentes. Estados Unidos ya ha utilizado este tipo de presión económica para obligar a países a romper relaciones comerciales con gobiernos considerados hostiles». Cita el precedente de los años 90, cuando Brasil fue presionado para detener exportaciones de productos industriales y equipos de alto valor a Irak durante la Guerra del Golfo. «El impacto fue significativo porque involucraba productos que Brasil exporta tradicionalmente en menor medida, pero que tienen alto valor agregado. El precedente muestra que este tipo de sanción tiene un efecto real en la economía», afirma Furriela. Actualmente, Irán sirve como alternativa relevante para diversificar las exportaciones de carne brasileñas. «Irán no se compara con Estados Unidos, China o la Unión Europea en volumen, pero tiene peso. Perder este mercado supondría pérdidas concretas para sectores específicos del agonegocio», evalúa el experto. El Gobierno brasileño aún no ha adoptado una postura oficial, pero su enfoque pragmático en las relaciones con Washington podría abrir espacio para negociaciones y exenciones. Sin embargo, el riesgo persiste: «La señal estadounidense es clara: cualquier país que mantenga este tipo de relación corre el riesgo de enfrentar recargos. Brasil podría enfrentar nuevamente una agenda comercial negativa», advierte Furriela. La situación pone a prueba el equilibrio de la diplomacia brasileña entre pragmatismo económico y alineamientos geopolíticos, en un mundo de crecientes fragmentaciones comerciales.