Estados Unidos y China están intensificando una carrera armamentista legal con sanciones y regulaciones contrapuestas que atrapan a las empresas globales en demandas de cumplimiento contradictorias. Este acontecimiento se produce en el marco de la visita del presidente estadounidense Donald Trump a China y las continuas perturbaciones derivadas de la guerra entre Estados Unidos e Irán.
Washington y Pekín han desplegado regímenes legales y regulatorios rivales en los últimos meses. Estas medidas buscan asegurar ventajas estratégicas en disputas comerciales, tecnológicas y de seguridad. Las empresas globales, desde Corea del Sur hasta los Países Bajos, se enfrentan ahora a una situación imposible. Según los analistas, no pueden cumplir las normas de una parte sin infringir las de la otra. Las autoridades estadounidenses impusieron recientemente sanciones a varias entidades chinas por sus vínculos comerciales con Irán. Esto incluye a cinco refinerías de petróleo que Pekín había intentado proteger la semana anterior. Las acciones añaden más tensión a los lazos bilaterales, ya presionados por las interrupciones en el suministro de energía.