En una entrevista con Le Monde, la politóloga Anne Muxel explica que los miedos franceses están ahora menos enmarcados por las instituciones y tienen fuertes repercusiones políticas. Basado en una encuesta a más de 3.000 personas, su libro coescrito con Pascal Perrineau inventaría ansiedades colectivas e individuales. Estos miedos, amplificados por la incertidumbre, son explotados por los populismos.
La politóloga Anne Muxel y su colega Pascal Perrineau han publicado Inventaire des peurs françaises (Odile Jacob, 256 páginas, 22,90 €), resultado de una encuesta sin precedentes a una muestra representativa de más de 3.000 franceses. Esta obra sigue un análisis de las emociones durante la crisis sanitaria y explora las 'pasiones tristes' en un contexto de creciente incertidumbre. ¿Por qué este inventario? 'Vivimos en un momento en que resulta cada vez más difícil proyectarse: entre las generaciones jóvenes, los miedos son numerosos e intensos', explica Muxel. El objetivo es descifrar la sociedad francesa a través de este sentimiento que moldea las visiones del mundo y es cooptado por los populismos. Miedos arcaicos —muerte, enfermedad, pérdida de un ser querido— son más agudos que en el pasado, pues 'la muerte ha sido progresivamente evacuada de nuestras sociedades'. Las ansiedades colectivas se centran en la seguridad: 'El miedo a ser agredido en espacios públicos está muy presente, particularmente entre los jóvenes y las mujeres'. Otras preocupaciones emergen, como el miedo a no preservar los estilos de vida ante los desafíos climáticos o los temores a la guerra por las tensiones geopolíticas. Como resultado, el 39 % de los franceses cree que el fin del mundo está cerca, reviviendo miedos milenaristas pese al progreso económico y tecnológico. Muxel destaca que 'no solo la política ya no regula los miedos, sino que los instila'. En las sociedades pasadas, las instituciones enmarcaban estas emociones; hoy están menos reguladas, con profundos impactos políticos.