El arquitecto y urbanista Andrés Borthagaray advirtió que el ruido en las grandes ciudades, como Buenos Aires, se ha convertido en un problema de salud pública. Basado en un relevamiento de más de 600 casos en la Ciudad de Buenos Aires, destacó los daños graves del ruido sostenido, respaldados por normas y estudios internacionales de la OMS.
Andrés Borthagaray, arquitecto y urbanista, presentó un análisis que revela el impacto del ruido urbano en la salud. En un relevamiento de más de 600 casos en la Ciudad de Buenos Aires, identificó dos tipos de contaminación sonora: la evidente, como bocinas y maquinaria, y la más grave e inadvertida, el ruido sostenido de los automotores.
Borthagaray enfatizó que, aunque este ruido constante del tránsito no siempre se percibe, genera efectos acumulativos peores. "Si bien no la percibimos, nos hace un daño para la salud todavía más grave", dijo, citando estudios de la OMS que vinculan el ruido con estrés, trastornos del sueño y otras afecciones. Normas internacionales confirman daños graves a partir de ciertos niveles.
Entre las fuentes principales, las autopistas destacan como las más problemáticas debido al tránsito de alta velocidad. "Son una de las fuentes más graves", afirmó el experto, quien señaló que reducir la velocidad, como en ciudades europeas, puede mitigar el impacto. En contraste, el ferrocarril es más manejable y compatible con áreas urbanas de valor.
Borthagaray comparó el ruido con "el nuevo cigarrillo" y urgió medidas urgentes mediante políticas públicas y conciencia colectiva. Sin embargo, fue optimista: experiencias internacionales muestran que las ciudades pueden mejorar su calidad acústica con compromiso ciudadano.