En casi todas las calles de La Habana, el humo de pilas de basura en llamas forma parte del paisaje cotidiano. Los residentes las queman para combatir plagas como moscas y mosquitos, a pesar de los riesgos para la salud. Este ciclo se repite sin solución aparente.
En La Habana, el humo que se eleva de pilas de basura ardiendo se observa entre edificios, cables eléctricos y balcones. Las llamas consumen bolsas de plástico, cartón, llantas de autos viejos y otros desechos, mientras el humo se mezcla con el aire cálido de la ciudad. El olor persiste en las calles y se filtra en las viviendas cercanas, donde los residentes observan una escena repetida con frecuencia, aunque desagradable. Saben que quemar basura no es saludable, pero lo ven como la única opción inmediata contra plagas que se vuelven insoportables, como moscas y mosquitos que invaden las casas. Un vecino explicó: “Sabemos que esto es perjudicial para nuestra salud, pero llega un punto en que no podemos más. La basura se acumula y entonces vienen las moscas y los mosquitos; entran a la casa”. La decisión de encender el fuego surge cuando el problema es imposible de ignorar. Una vez apagado, quedan cenizas en el asfalto y el olor a basura quemada. Sin embargo, el problema persiste: nuevos desechos se acumulan en el mismo lugar y el ciclo se reinicia. Esta práctica revela una realidad en diversos barrios de La Habana, donde los vecinos improvisan soluciones ante fallos en servicios básicos de recolección de basura. El humo continúa elevándose como recordatorio silencioso de desafíos cotidianos sin resolver. (Fotografías de Idania Cárdenas)