Un nuevo colapso del Sistema Eléctrico Nacional dejó gran parte de Cuba sin electricidad este miércoles, sumándose a meses de apagones interminables que han obligado a los residentes de Matanzas a reorganizar sus vidas en torno a la oscuridad. En esta ciudad, acostumbrada a cortes prolongados, la oscuridad se ha convertido en parte del paisaje. Los habitantes muestran resignación ante la situación recurrente.
El apagón llegó sin aviso el miércoles, como un visitante que ya no necesita tocar la puerta, según describe Julio Cesar Contreras en 14ymedio. El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) se desconectó, afectando a gran parte del país, incluyendo La Habana, donde la planta más grande del isla falló inesperadamente, según funcionarios cubanos. En Matanzas, los cortes han superado las 30 horas consecutivas en semanas recientes, evocando imágenes del Período Especial, con personas durmiendo en portales para aprovechar el aire fresco de la madrugada.
En el barrio Pueblo Nuevo, Adriana, una madre soltera, gritó desde su puerta: “¡Hasta cuándo va a durar esto! No hay tiempo ni para cocinar el arroz. Entre los apagones y las luces, no tenemos ni una hora de electricidad”. Su nevera se vació en el congelador de una vecina para evitar que se echara a perder. La conectividad móvil también falló, dejando a Hilda, una jubilada y exmaestra, sin señal durante una videollamada con su nieto en España. “Etecsa subió las tarifas, pero no ha podido comprar baterías nuevas para sus torres”, protestó.
Hilda agregó que el voltaje inestable ha dañado electrodomésticos: “Mi hija en Cárdenas tuvo que desechar un congelador”. Ricardo, un maquinista con un taller privado, perdió otro día de ingresos: “Pensé que hoy podría ponerme al día con los pedidos”. Las familias se despiertan a las 2 o 3 de la mañana cuando regresa la luz para cocinar, lavar y cargar teléfonos, pero el agotamiento persigue. Un bloqueo petrolero de EE.UU. ha cortado el acceso a combustible necesario, intensificando la crisis humanitaria bajo la administración Trump, que recientemente mencionó una posible “toma amistosa de Cuba”.
En Matanzas, la resignación domina: “Hay que aterrizarse”, dice Ricardo encogiéndose de hombros. “Porque si piensas mucho en esto, te vuelves loco”.