En Matanzas, Cuba, las familias enfrentan graves problemas en los servicios funerarios debido a falta de combustible, apagones y vehículos averiados. Testimonios revelan demoras, descomposición de cuerpos y un sistema de sobornos para acelerar trámites. Un reciente refuerzo de un solo carro fúnebre no resuelve la crisis estructural.
Claudia relató cómo el intento de cremar a su abuela en Matanzas se convirtió en una pesadilla. Tras horas de espera, el crematorio carecía de gas licuado o diésel para encender los hornos, que requieren entre 850 y 1.000 grados Celsius. La cámara fría falló, obligando a enterrar el cuerpo con signos visibles de descomposición.
Jorge enfrentó una situación similar tras la muerte de su suegra. Le informaron que un solo vehículo atendía a 16 fallecidos en la ciudad, cobrando 3.000 pesos para adelantar en la lista. Pagó 18.000 pesos en total para la cremación, tras lo cual el sistema operó con eficiencia: incluso extrajeron la batería del carro fúnebre para alimentar el brazo mecánico del horno.
El horno crematorio, inaugurado en 2015, depende de electricidad estable para ventilación y mecanismos. En marzo de 2026, el periódico Girón anunció la llegada de un carro fúnebre como refuerzo para la provincia, que tiene casi un millón de habitantes.
Un trabajador del sector funerario, bajo anonimato, dudó de su impacto: “¿Crees que un carro fúnebre, por moderno que sea, va a cambiar algo en una provincia de casi un millón de personas?”. Improvisan repuestos y combustible para evitar colapsos mayores.