La acumulación de basura en Matanzas, Cuba, ha dejado de ser un problema ocasional para convertirse en una característica permanente del paisaje urbano, agravada por la crisis de combustible que reduce la frecuencia de recolección. Residentes queman montones de desechos para evitar plagas, generando humo tóxico. Violeta González, de 75 años, recolecta latas de aluminio de vertederos para sobrevivir.
La crisis de combustible ha mermado drásticamente la recolección de basura en Matanzas, dejando pilas de desechos en esquinas de calles, portales y solares baldíos durante días. Lo que antes era una molestia intermitente ahora define el deterioro urbano, con escasa intervención institucional.
Para combatir mosquitos, roedores e insectos, muchos vecinos prenden fuego a estos basureros improvisados. El humo tóxico, proveniente de plásticos, restos orgánicos, materiales industriales y productos químicos, se extiende por barrios enteros, afectando la calidad del aire y la salud pública.
En Cuba, el manejo de residuos se centra en transporte y disposición final, con reciclaje limitado y fragmentado, sin infraestructura a gran escala. Emerge aquí Violeta González, de 75 años, pionera en recolectar materias primas de basureros. Diariamente recorre largas distancias desde la mañana hasta la tarde, vendiendo latas de aluminio a una empresa estatal.
A pesar de problemas circulatorios en una pierna y daños estructurales en su hogar, continúa su labor, a veces con ayuda de un compañero para transportar la carga. Sus ingresos no cubren necesidades básicas, pero son vitales en un contexto de escasez.