En Matanzas, Cuba, los habitantes de edificios de 13 pisos están exhaustos debido a ascensores fuera de servicio. De los cuatro edificios existentes, tres presentan fallos graves en sus elevadores, algunos inoperativos por años. Esto impacta especialmente a personas mayores y enfermas, en medio de falta de mantenimiento y respuestas insuficientes de las autoridades.
Los edificios de 13 pisos en Matanzas, inaugurados en la década de 1980 en la carretera hacia Varadero, se han convertido en fuentes de problemas por la falta de mantenimiento. Tres de los cuatro carecen de ascensores operativos, lo que genera inseguridad y reduce la calidad de vida de las familias.
Una residente del undécimo piso en el edificio El Polinesio relata: “El ascensor no funciona desde hace meses, y no es tan viejo. Hemos contactado a la oficina de Vivienda, pero solo nos dan respuestas a medias”. Tras una cirugía por cáncer, no puede esforzarse y pasa semanas sin salir del apartamento. “Las escaleras están en mal estado, y como yo, hay muchos vecinos mayores que sufren. Nadie responde, nadie da una solución”.
El administrador Dasiel, responsable de 154 apartamentos, destaca la apatía de las autoridades. “Mi trabajo es difícil, y la falta de respuestas de la oficina de Vivienda lo complica más”. Menciona problemas adicionales como vientos cercanos al mar, basura en áreas verdes, barandales defectuosos, escaleras deterioradas y la fachada que se desprende en la entrada.
En El Polinesio, un restaurante en la azotea alquilado a un negocio privado agrava la situación. Anteriormente, tenía su propio ascensor para clientes y carga, pero ahora no lo reparan y usan el de los residentes para mercancía, lo que Dasiel teme prolongue el problema.
En Las Panaderías, otro edificio, el ascensor estuvo sin funcionar más de dos años hasta que, tras esfuerzos de residentes ante el Consejo de Estado, se instaló uno nuevo. Ramón, de 72 años y encargado del mantenimiento, explica: “Solo interrumpí durante la pandemia de covid. Con los apagones, el panel de control falla antes del cuarto piso”. La brigada provincial prioriza hoteles en Varadero, según él, y sus condiciones laborales son precarias: turnos de 12 horas por un salario simbólico, con riesgos durante cortes de energía.
Los bomberos, al rescatar personas atrapadas, a veces dañan el equipo. Una residente cuenta: “En nuestro edificio, hace semanas, los bomberos hackearon con hachas la puerta de madera al cuarto de máquinas en la azotea”. La crisis energética tensiona aún más la maquinaria. Algunos vecinos bajan canastas desde balcones para recibir entregas, mientras otros suben a pie cargas pesadas como cilindros de gas, sin distinción entre sanos y enfermos.
La vida en estos edificios sigue siendo una lucha diaria por la planificación deficiente de Vivienda, escasez de repuestos y apatía oficial.