En Holguín, Cuba, los apagones programados obligan a los residentes a planificar sus días alrededor de la disponibilidad de electricidad. Lien Estrada describe cómo estos cortes, que duran hasta seis horas, dictan cuándo las personas pueden trabajar, conectarse en línea o realizar tareas esenciales. A pesar de los desafíos, ella mantiene la esperanza de un cambio.
Lien Estrada, en su diario publicado en Havana Times, expresa frustración ante la respuesta común a sus quejas sobre apagones: 'hay casos peores'. Recuerda una anécdota de Yoani Sánchez en una conferencia de prensa en Alemania, quien comparó el dolor personal con el ajeno: si duele un diente propio, el dolor de dos dientes de otro no lo anula.
En Holguín, los apagones son programados, lo que Estrada considera una suerte relativa. Algunos prefieren cortes de 6:00 a.m. a 12:00 p.m. para tener luz en la tarde y acceder a internet, aunque sin electricidad suele faltar conexión. Estrada opta por no tener energía en la tarde para disponer de ella de 6:00 p.m. a 12:00 a.m., cada dos días, sintiéndose privilegiada.
Estos cortes alteran por completo el día: generan ansiedad sobre su duración y limitan tareas que requieren electricidad, como el trabajo con computadoras o visitas a bancos. Durante los apagones, las personas reorganizan actividades no eléctricas, como ejercitarse, visitar familiares o cocinar con gas o leña. Al regresar la luz, surge una carrera por aprovechar cada minuto.
Estrada menciona casos más graves, como apagones de más de 24 horas en otros lugares, restauraciones de solo dos horas o, en el rural Mayarí, electricidad solo un día al mes. Ante la falta de soluciones gubernamentales prometidas pero fallidas, algunos sugieren cortes permanentes. Sin embargo, Estrada resalta la esperanza instintiva que genera energía para resistir, no por consignas oficiales, sino por rechazo a una existencia perpetuamente difícil, a menos que se emigre. Cree que esta experiencia debe servir para evitar repeticiones.