La capital cubana presenta un ambiente apocalíptico por la noche, con el sonido de protestas de cacerolazos en diversos barrios, mientras que durante el día se percibe el olor a basura quemada. Incendios provocados por la acumulación de residuos y la falta de combustible se suman a los apagones prolongados que agravan el descontento social. Graffitis contra el gobierno aparecen en las paredes, reflejando la tensión creciente.
En La Habana, las noches se han convertido en un escenario de protestas, donde el ruido de cacerolazos resuena en barrios centrales, periféricos, residenciales y turísticos por igual. Este fenómeno se ha extendido ampliamente, independientemente de la ubicación. Además, graffitis contra el gobierno adornan cada vez más paredes, con frases como “Se acabó” que persisten a pesar de los esfuerzos por borrarlos.
Los incendios marcan la geografía de la capital. Algunos resultan de la quema de basura, una práctica común debido a la escasez de vehículos y combustible para la recolección de residuos. Otros provienen de la quema de carbón, utilizada por familias ante la falta de electricidad y gas para cocinar. En ocasiones, estos fuegos se salen de control o se inician por cortocircuitos en la inestable red eléctrica.
Un ejemplo ocurrió el sábado en Santiago de Cuba, donde un incendio en una pizzería en la calle Enramada, entre Reloj y San Agustín, se propagó a cuatro viviendas, posiblemente por un cortocircuito. En Matanzas, la Fábrica de Cubos en Playa, cerca de la subestación Cocal, ardió el domingo por la noche, pero los bomberos lo extinguieron en 20 minutos, aunque vecinos alertaron sobre materiales plásticos cercanos que aumentaban el riesgo.
En la provincia de Granma, El Ranchón en el mirador de Guisa se incendió en las primeras horas de la mañana anterior. Alianna Corona Rodríguez, primera secretaria del Partido Comunista en la provincia, explicó que “las llamas se propagaron fácilmente porque es una construcción tradicional de palma y madera”. La oficial añadió que se encontraron carteles con propaganda contrarrevolucionaria, lo que añade connotaciones al suceso.
Los apagones se intensificaron el fin de semana en La Habana, alcanzando hasta 20 horas continuas en algunos barrios. Esta falta de energía no solo alimenta el malestar social, sino que agrava problemas con el suministro de agua, ya que no hay electricidad para bombearla.