Tras su reunión de política del 19-20 de diciembre, el Banco de Japón elevó su tipo al 0,75%, lo que provocó fluctuaciones del yen, inflación alta sostenida, ajustes de tipos bancarios y apoyo gubernamental moderado en medio de preocupaciones por aranceles de EE.UU. y perspectivas de negociaciones salariales shunto.
Basándose en la decisión del BOJ de elevar su tipo de política a alrededor del 0,75% —la primera desde enero y la más alta en 30 años—, el gobernador Kazuo Ueda enfatizó en la conferencia de prensa posterior a la reunión que “es muy probable que se mantenga el mecanismo por el cual tanto los salarios como los precios suben moderadamente”.
La medida tiene en cuenta impactos limitados de los aranceles de EE.UU. bajo la administración Trump, con Ueda señalando que “se espera que los beneficios corporativos se mantengan en niveles altos en general”. También anticipa “aumentos salariales estables” en las negociaciones shunto de 2026 similares a las de este año.
Tras la subida, el yen se debilitó, con el dólar-yen en ¥156.73-75 en Tokio y ¥157.70 en Nueva York. El IPC de Japón subió un 3,0% interanual en noviembre, superando el objetivo del 2% durante 44 meses. El analista Tsuyoshi Ueno del NLI Research Institute advirtió: “Si la subida de tipos acaba aquí, la debilidad del yen persistirá, lo que podría forzar subidas adicionales moderadas”.
Los principales bancos reaccionaron: MUFG, Sumitomo Mitsui Banking, Mizuho y Sumitomo Mitsui Trust elevarán los tipos de depósitos ordinarios al 0,3% desde el 0,2% el 2 de febrero de 2026 —el más alto desde 1993 para algunos—. MUFG y Mizuho subieron los tipos prime a corto plazo al 2,125% desde el 1,875%, afectando la mayoría de los préstamos hipotecarios a tipo variable.
La primera ministra Sanae Takaichi expresó respeto por la independencia del BOJ, en línea con el reciente presupuesto suplementario récord para el crecimiento.