Blanca Morillo, de 73 años, ha vivido 24 años en su piso de Gijón pagando 460 euros de alquiler con una pensión de poco más de 800. Tras la muerte de la propietaria, el hijo quiere elevarlo a 600 euros, lo que ella no puede asumir. Denuncia un desahucio encubierto y busca apoyo para mantener su contrato indefinido.
Blanca Morillo reside desde hace 24 años en un piso de la Avenida de Shulz, en Gijón, Asturias. Con una pensión que apenas supera los 800 euros mensuales, destina más del 50% de sus ingresos al alquiler de 460 euros, superando el tercio recomendado por expertos. El inmueble presenta problemas como falta de calefacción y humedades, agravando las condiciones de vida en el frío invierno asturiano.
Tras el fallecimiento de la propietaria, Rosario, Blanca esperaba una renovación del contrato. Sin embargo, el hijo de la difunta propuso una subida a 600 euros. Durante siete meses, Blanca ahorró 3.230 euros para el alquiler, separando el dinero cada 25 del mes, pero rechazó firmar el nuevo acuerdo. "Si me suben el alquiler a 600 euros como quiere el hijo de la propietaria, no puedo pagarlo, porque entonces no como", explica.
Ella califica la situación como un "desahucio encubierto" y recurrió al Sindicato de Inquilinas de Asturias. Javier Linares, portavoz del sindicato, afirma: "Es sangrante lo que le quieren hacer, y no tiene acceso a vivienda social porque no hay". A pesar de que Gijón cuenta con 8.180 viviendas vacías, Blanca solo aspira a continuar en su hogar con subidas anuales ligadas al IPC, como ha hecho durante dos décadas.
Un acto de conciliación entre las partes no prosperó. A sus 73 años, Blanca ha mantenido el piso por su cuenta, pintando paredes y solicitando reparaciones básicas que no se han atendido. "No me voy a mover de aquí salvo que me saquen a la fuerza", sentencia. Linares advierte de que casos similares aumentarán con la revisión de 14.000 contratos en Asturias firmados en 2020 durante la pandemia, y urge más vivienda social, citando el modelo de Viena.
En Gijón, el problema se agrava: hay personas viviendo en caravanas por la falta de opciones asequibles. Blanca prepara sopa en su cocina defectuosa mientras espera la visita de su nieta, su principal apoyo emocional en esta lucha por "vivir tranquila" en su casa.