Un nuevo libro narra la vida de Henrique Costa Mecking, conocido como Mequinho, el primer gran maestro internacional de ajedrez nacido en Brasil, quien abandonó el juego a finales de los años 70 debido a una enfermedad y abrazó la fe. Titulado 'Entre Bispos e Reis', la obra del periodista Uirá Machado combina biografía con perspectivas sobre el ajedrez de élite. Explora cómo el diagnóstico de miastenia gravis de Mequinho lo llevó a la Renovación Carismática Católica.
En los años 70, Henrique Costa Mecking, o Mequinho, emergió como una sensación del ajedrez de Rio Grande do Sul. De niño, derrotaba a adultos mientras aún estaba en los primeros años de la escuela primaria. El 18 de enero de 1972, acercándose a su 20.º cumpleaños, recibió una bienvenida de héroe en el aeropuerto Galeão de Río de Janeiro tras sólidas actuaciones en el torneo de Hastings en el Reino Unido, lo que le valió el título de primer gran maestro internacional nacido en el país de Brasil. nnEl libro debut del periodista Uirá Machado, 'Entre Bispos e Reis', profundiza en la trayectoria de Mequinho. El prodigio, a menudo llamado el 'Pelé del ajedrez', enfrentó expectativas de convertirse en campeón mundial. Sin embargo, su carrera se tambaleó a finales de los años 70 debido a resultados irregulares. Fue diagnosticado con miastenia gravis, una enfermedad autoinmune que afecta el sistema nervioso y que puso en riesgo su vida. Mequinho atribuyó su casi curación a la fe en Jesucristo y en gran medida se alejó del ajedrez. nnTras el diagnóstico, se sumergió en la predicación dentro de la Renovación Carismática Católica (RCC), un movimiento que enfatiza las acciones directas del Espíritu Santo, incluidas curaciones y éxtasis espirituales. Asistió a un seminario pero nunca fue ordenado y comenzó a hablar de revelaciones sobre los tiempos finales. nnLa narrativa de Machado humaniza a Mequinho, retratando su aura infantil que persiste en la adultez —tímido en ocasiones, arrogante y propenso a berrinches en otras, especialmente contra trucos percibidos de los oponentes. Surgieron tensiones familiares; Mequinho sentía que sus padres obstaculizaban su dedicación total al ajedrez, a pesar de los viajes de su padre a torneos. Como nota Machado, 'Esperaba más apoyo —aunque tenía apoyo... la familia lo hizo terminar la secundaria, comenzar una carrera [en física, pronto abandonada].' Mequinho cortó lazos abruptamente con la familia, amigos y parejas, incluso durante la muerte de su padre. nnNo hay evidencia de relaciones románticas; citó falta de tiempo en medio de sus ambiciones de campeón mundial. El libro destaca el costo físico del ajedrez —partidas que duran cinco horas diarias, a veces reanudándose a lo largo de días—, lo que exacerbó el impacto de su enfermedad. Machado reflexiona sobre la religiosidad preexistente de Mequinho, proveniente de una escuela católica y una madre devota, y sugiere que la enfermedad profundizó su fe de manera intensa. 'Esta inmersión puede haber sido la forma que encontró para seguir siendo capaz de contar una historia sobre sí mismo... cuando su condición como jugador de ajedrez estaba amenazada', explica Machado. La religión, añade, reemplazó al ajedrez para el prodigio obsesivo.