En el juicio de apelación ante la Corte de Apelación de París, el ex eurodiputado Bruno Gollnisch admitió que sus asistentes parlamentarios trabajaron de forma residual para el Frente Nacional, no exclusivamente para él. Esta admisión se produce en el caso de los asistentes del partido, en el que se le acusa de desviar 996.000 euros de fondos públicos. A sus 76 años, se enfrenta a tres años de prisión, incluido uno firme, una multa de 50.000 euros y cinco años de inhabilitación.
Bruno Gollnisch, antiguo número dos del Frente Nacional (FN) y aliado cercano de Jean-Marie Le Pen, compareció el lunes 26 de enero ante la Corte de Apelación de París en el juicio de apelación sobre los asistentes parlamentarios del partido. A punto de cumplir 76 años en dos días, el ex eurodiputado abandonó sus largas explicaciones jurídicas sobre la separación de poderes, que había utilizado en el primer juicio. Adoptó un tono más mesurado, imitando el vocabulario refinado de su mentor. Sobre el fondo del asunto, Gollnisch admitió explícitamente por primera vez que tres de sus asistentes habían realizado tareas para el FN de manera 'residual'. Entre ellos se encuentran la secretaria personal de Jean-Marie Le Pen y su hija, Yann Le Pen. Esta admisión parcial busca atenuar las acusaciones de desvío de fondos públicos europeos, estimados en 996.000 euros. Podría ayudarle a evitar una condena de tres años de prisión, incluido uno firme, una multa de 50.000 euros y cinco años de inhabilitación con ejecución provisional. Sin embargo, esta media admisión parece insuficiente para un reconocimiento completo de los hechos alegados. El juicio versa sobre el presunto uso de fondos de asistentes parlamentarios europeos para actividades partidistas, una práctica central en las investigaciones sobre el FN. Gollnisch, antes tan locuaz, ha dado así un paso hacia una defensa más pragmática sin retractarse completamente de su posición inicial.