En 2025, el butoh, sin un hogar permanente, se expandió a grandes teatros y lugares improbables como fábricas abandonadas y altares de templos, impulsado por un renovado espíritu de colaboración. Las principales compañías Sankai Juku y Dairakudakan presentaron actuaciones internacionales y obras interdisciplinarias, destacando la adaptabilidad de la forma.
El butoh rara vez permanece estático, y en 2025 esta forma de danza de vanguardia se movió entre grandes teatros y espacios improbables como fábricas abandonadas y altares de templos, unificada por un mayor deseo de colaboración. Sankai Juku, una de las dos principales compañías de butoh junto a Dairakudakan, presentó su obra de 2023 «Totem — Void and Height» en Japón, Corea del Sur, Polonia y Georgia. Desde la muerte del fundador Ushio Amagatsu en marzo de 2024, la compañía no ha introducido nuevas coreografías, pero logró una colaboración notable en la ópera «Koya Hijiri», representada en noviembre en Kanazawa, prefectura de Ishikawa, y Takasaki, prefectura de Gunma.
Por su parte, Dairakudakan se aventuró en terreno nuevo con una colaboración triple de géneros que involucra kabuki y ballet en la producción de K-Ballet Opto «A Dance Remembered in Tohno», programada del 26 al 28 de diciembre en el Tatemono Brillia Hall de Tokio. El fundador Akaji Maro actuará junto a Mutsuko Tanaka, exmiembro de Dairakudakan y una de las pocas mujeres de los primeros días del butoh, en su primera aparición conjunta en tres décadas. Este año, la creatividad del butoh floreció a través de tales asociaciones, demostrando su capacidad de adaptación sin una base fija.