El gobierno electo de José Antonio Kast busca restablecer el rol de primera dama para su esposa, María Pía Adriasola, mediante un decreto que incluye staff y presupuesto limitado. Esta iniciativa ha generado debate tras críticas de Irina Karamanos, quien eliminó la figura en 2022. En la izquierda, opiniones divididas destacan tradición versus modernidad en roles no electos.
El nuevo gobierno de José Antonio Kast ha anunciado su intención de restablecer la figura de primera dama, un rol eliminado a fines de 2022 durante la administración de Gabriel Boric. La última en ocuparlo fue Irina Karamanos, expareja de Boric, quien disolvió la Coordinación Sociocultural de La Moneda, transfiriendo fundaciones a ministerios sectoriales.
Según fuentes cercanas, María Pía Adriasola no recuperará control de esas fundaciones. El cargo se instituirá por decreto, con funciones protocolares, de representación y articulación social, como presencia en emergencias para enlazar con el presidente. Incluirá staff y presupuesto, pero sin revertir cambios previos.
El anuncio provocó críticas de Karamanos en X: “Parece todo un dilema el de Pía, salvar la austeridad anunciada por su cónyuge o salvar una tradición que-retrocediendo el reloj-llena el ‘vacío’ dejado por reinados. Sacos de dormir o tronos en el Palacio”. Aludía a promesas de austeridad de Kast, como dormir en saco si no hay preparación en La Moneda.
La vocera de Kast, Mara Sedini, defendió el rol: “El rol de primera dama en la tradición chilena es algo profundo, sincero, y cercano a la gente más vulnerable. Muchas mujeres en la historia de nuestro país han cumplido ese rol de manera muy cercana a la política hacia los que más lo necesitan”. Agregó que Adriasola tiene “vocación tremenda de servicio” y profundizará la cercanía con vulnerables, manteniendo austeridad.
Dentro del oficialismo, hay debate: partidarios ven tradición positiva, pero detractores cuestionan roles públicos por parentesco, sin supervisión como ministros. Un editorial de La Tercera argumenta que es razonable para representación y causas benéficas, pero urge precisar funciones para institucionalizar.
En la izquierda, reacciones mixtas. Diputada Daniella Cicardini (PS) dijo: “Eliminar esa figura no fue relevante para las mujeres de Chile. Los símbolos importan cuando sirven a las personas”. Héctor Barría (DC) elogió legados como Fundación Integra de Leonor Oyarzún. Sin embargo, en el Frente Amplio, Antonia Orellana rechazó dependencia de parentesco en funciones públicas, y Francisca Bello enfatizó poder político por derecho propio.
El restablecimiento parece alinearse con funciones no problemáticas, pero el debate resalta tensiones entre tradición y equidad moderna.