Parcs i Jardins ha contabilizado 5.631 ejemplares de jacaranda en Barcelona, creando la característica mancha lavanda que adorna la ciudad cada primavera. Originario del norte de Argentina, Paraguay y Bolivia, este árbol sudamericano se ha integrado perfectamente en el paisaje urbano barcelonés desde hace más de un siglo. Expertos destacan su resistencia al clima local y su bajo porcentaje en el total de especies arbóreas.
La jacaranda mimosifolia, cuyo nombre deriva del guaraní yacarandá que significa 'madera dura', florece en racimos azulados que forman postales típicas en ciudades como Barcelona, México o Pretoria. Introducida en la capital catalana hace más de un siglo, algunos de los primeros ejemplares los plantó el urbanista Jean-Claude Nicolas Forestier para la Exposición Universal de 1929.
“Es un árbol que funciona muy bien”, afirma Pere de Mas, jefe de Arbolado en Parcs i Jardins. Resiste las heladas gracias al clima de Barcelona, soporta la sequía, se adapta a suelos compactos y su tamaño es ideal para aceras medianas.
El Ayuntamiento busca diversificar especies para que ninguna supere el 15% del total, y las jacarandas representan solo el 2%, con margen para crecer. Una tercera parte se concentran en Nou Barris y Sant Andreu, mientras el Eixample lidera en alineaciones callejeras. El ejemplar más antiguo data de 1904 en un jardín privado de la calle Alfonso XII en Gràcia, y hay un conjunto notable de nueve en la plaza de la Sagrada Família.
En Argentina, se descartó como emblema nacional en 1942 a favor del ceibo, aunque ambos árboles argentinos prosperan en Barcelona, como el ceibo visible en Aragó con Enamorats.