En el estudio genético más grande sobre el síndrome de ovario poliquístico (PCOS) hasta la fecha, los investigadores han identificado 94 variantes que influyen en el riesgo de la condición, incluidas 73 recién descubiertas. El análisis de los genomas de más de 440.000 mujeres podría allanar el camino para tratamientos más dirigidos. El PCOS afecta hasta a una de cada cinco mujeres, causando problemas de fertilidad y desequilibrios hormonales.
El síndrome de ovario poliquístico (PCOS) altera la función ovárica, lo que lleva a periodos irregulares, niveles elevados de hormonas sexuales masculinas como la testosterona y grupos de óvulos inmaduros que se asemejan a quistes. Afecta hasta al 20% de las mujeres y a menudo resulta en problemas de fertilidad. Aunque la causa exacta sigue siendo desconocida, investigaciones previas han vinculado alrededor del 70% del riesgo a la genética, con solo 25 variantes identificadas anteriormente, que explican aproximadamente el 10% de los casos.
Para abordar esto, Shigang Zhao de la Universidad de Shandong en Jinan, China, y sus colegas realizaron el análisis genético más grande hasta ahora, examinando genomas de más de 440.000 mujeres de China y Europa, 25.000 de ellas diagnosticadas con PCOS. Identificaron 94 variantes asociadas con el riesgo de PCOS, 73 de las cuales eran nuevas. Una variante clave afecta al gen de la proteína ribosómica mitocondrial S22, que apoya la función mitocondrial, los productores de energía de la célula. «Aunque estudios previos han vinculado el PCOS con mitocondrias disfuncionales, esta es la primera mirada a cómo la genética puede subyacer a esto», dice Zhao.
Otra variante influye en la globulina fijadora de hormonas sexuales, una proteína que a menudo es baja en pacientes con PCOS y regula la actividad hormonal. Muchas variantes impactan en las células de la granulosa en los ovarios, que producen estrógeno y progesterona y ayudan en el desarrollo de los óvulos, reforzando el papel de la genética en las disrupciones hormonales.
Las variantes explican el 27% de la variación de riesgo en europeos y el 34% en participantes chinos, destacando la importancia de las ancestrías diversas, según Zhao. «Este estudio es importante porque está ampliando nuestra comprensión del componente genético de la enfermedad», dice Elisabet Stener-Victorin del Instituto Karolinska en Suecia.
El equipo también sugirió fármacos que apunten a las vías afectadas, incluyendo el tratamiento existente para PCOS clomifeno, que ayuda a la liberación de óvulos, y betaína, utilizada para la homocistinuria. Estudios en ratones podrían probar la betaína más a fondo. Las terapias actuales para el PCOS, como la píldora anticonceptiva o la metformina, manejan los síntomas pero no curan. «Identificar grupos de genes que influyen en el riesgo de PCOS puede ayudarnos realmente a dirigir y realizar tratamientos más dirigidos», añade Stener-Victorin.