Dos investigadores han identificado un nuevo orgánulo que permite a un tipo de alga fijar nitrógeno del aire. El descubrimiento desafía una regla biológica establecida desde hace mucho tiempo y podría ofrecer perspectivas para futuras innovaciones agrícolas.
Jon Zehr, un oceanógrafo, comenzó a buscar bacterias desconocidas fijadoras de nitrógeno en la década de 1990 analizando muestras de agua marina en busca del gen de la nitrogenasa. Detectó repetidamente rastros genéticos, pero no encontró organismos coincidentes bajo el microscopio en lugares que iban desde Hawái hasta el Ártico. Kyoko Hagino, una especialista en algas en Japón, estudió de forma independiente la Braarudosphaera bigelowii y notó un punto negro inexplicable dentro de las células. Las pruebas genéticas confirmaron más tarde que el punto era la bacteria que Zehr había buscado. Su colaboración reveló que la bacteria había evolucionado hasta convertirse en un orgánulo llamado nitroplasto. El alga y la bacteria se dividen juntas y comparten genes en un sistema que antes solo se había visto en las mitocondrias y los cloroplastos. Zehr y Hagino señalaron que el hallazgo demuestra que los organismos complejos pueden fijar nitrógeno, aunque advirtieron que incorporar rasgos similares en los cultivos sigue siendo una posibilidad lejana.