El cultivo de algas marinas para capturar dióxido de carbono podría agotar los nutrientes del océano y reducir la eficacia de los sumideros de carbono naturales, según una nueva investigación. Este enfoque corre el riesgo de aumentar el CO2 atmosférico en algunos escenarios en lugar de reducirlo. Dos estudios destacan importantes contrapartidas ecológicas.
Los investigadores modelaron el cultivo de algas marinas a gran escala en aguas costeras. Descubrieron que cultivar 20.000 millones de toneladas anualmente agotaría el nitrógeno, el fósforo y el hierro, reduciendo el crecimiento de las algas en un 95 por ciento después de 25 años, al tiempo que reduciría el fitoplancton mundial hasta en un 8 por ciento.
Manon Berger, de la Universidad de Berna, señaló que la técnica “podría ser contraproducente a nivel local” y que “el potencial es extremadamente limitado, con grandes consecuencias ecológicas”. Las áreas adecuadas que no dañan al fitoplancton cubren solo el 0,05 por ciento del océano.
Otro estudio independiente examinó la fertilización con hierro para estimular el crecimiento. Mostró una eliminación potencial de hasta 40.000 millones de toneladas de CO2 al año, pero reduciría a la mitad el plancton oceánico, perjudicando las cadenas alimentarias marinas. Andrew Yool, del Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido, señaló que el proceso transferiría nutrientes a las profundidades y “asfixiaría el ecosistema natural”.