La Gran Consulta se presenta como el fenómeno político más relevante en 65 años de historia colombiana, donde candidatos diversos han demostrado madurez al ceder egos personales por el bien del país. Este acto surge en un contexto de polarización extrema, evitando una contienda dominada por radicales. Representa una oportunidad para elegir administradores competentes en lugar de improvisadores.
En los últimos años, Colombia ha enfrentado una narrativa promovida por el presidente Gustavo Petro, quien argumenta que el país avanza bien pero se ve obstaculizado en su gobierno. Esta visión ha influido en sectores desinformados y en la izquierda radical, exacerbando divisiones. Sin un candidato sólido del centro y la centroderecha, el panorama electoral apuntaba a una primera vuelta controlada por extremos: ataques de grupos armados impulsaban opciones de mano dura, mientras declaraciones incendiarias de la extrema derecha fortalecían a la izquierda.
Una segunda vuelta entre polos opuestos implicaría riesgos graves, como mayor polarización, violencia en la campaña y posibles fraudes en un entorno institucional debilitado. En contraste, la Gran Consulta permite la emergencia de un candidato único del centro y centroderecha, respaldado por profesionales experimentados en administración pública, como Mauricio Cárdenas y posiblemente Juan Carlos Pinzón.
El autor enfatiza que Colombia requiere gobernantes conocedores del Estado, capaces de decidir desde el primer día, rechazando políticas demagógicas tanto de izquierda como de derecha. Critica la atracción por un candidato de extrema derecha cuya elocuencia oculta una trayectoria inconsistente, recordando que se elige un administrador, no un animador. Históricamente, alianzas pragmáticas han sido clave, como las de Roosevelt y Churchill con Stalin o Lleras Camargo con Gómez, sin purismos morales.
Esta consulta inspira esperanza al promover mesura, disciplina y respeto, corrigiendo un rumbo marcado por odio y exclusión. Es vista como el mejor regalo de Navidad para los colombianos.