En una columna de opinión reciente, Alberto Ramos Garbiras argumenta que la soberanía popular, pilar de la democracia moderna, ha sido socavada en Colombia por instituciones ineficaces y fraudes electorales. Propone reformas a través de una nueva Asamblea Constituyente para restaurar la integridad democrática.
Alberto Ramos Garbiras, en su columna publicada el 10 de diciembre de 2025, examina cómo la soberanía popular, concebida para superar el feudalismo y las monarquías absolutas, se ha deformado en el contexto colombiano. Según el autor, esta soberanía se materializa en la voluntad general y el poder constituyente, que permite al pueblo suspender el derecho y reformar el Estado, como ha señalado el investigador Marshall Barberán.
Garbiras destaca que el Estado constitucional opera mediante poderes constituidos derivados de una Asamblea Constituyente. Sin embargo, en Colombia, instituciones clave como el sistema electoral de la Registraduría Nacional del Estado Civil y la Corte Constitucional han fallado. La historia del país está marcada por fraudes electorales que han generado violencia y perpetuado élites oligárquicas. La Corte, efectiva desde 1992 hasta aproximadamente 2010 con magistrados íntegros, se ha debilitado en los últimos 16 años por politización, corrupción y falta de profundidad conceptual en algunos de sus miembros.
El columnista enfatiza que mecanismos de control como veedurías, procuradurías y contralorías resultan inútiles, mientras las leyes y el Congreso obstaculizan la participación ciudadana. Inspirado en Emmanuel Sieyés, Garbiras aboga por limitar los excesos soberanos mediante derechos humanos, desde la Revolución Francesa hasta la Declaración Universal de 1948. Propone reformar estos poderes constituidos en una nueva Asamblea para enderezar la democracia, evitando que la oligarquía se apropie del Estado.