Las mesas directivas de casilla son órganos clave en las elecciones mexicanas, formadas por ciudadanos comunes mediante sorteo para garantizar imparcialidad. En la elección presidencial de 2024, se desplegaron casi 172 mil unidades de este tipo. Ante una posible reforma electoral, se enfatiza la necesidad de preservar su integración neutral.
El Instituto Nacional Electoral (INE) se compone de diversos órganos, como el Consejo General, la Junta General Ejecutiva y consejos locales y distritales. Sin embargo, el órgano más crítico durante la jornada electoral son las mesas directivas de casilla, que se multiplican por decenas de miles el día de la votación. Estas mesas reciben y cuentan los votos de los ciudadanos, una tarea esencial para la legalidad del proceso.
Para la elección presidencial de 2024, se instalaron alrededor de 172 mil casillas, integradas no por profesionales, sino por ciudadanos ordinarios. Según el artículo 82, numeral 1, de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, cada mesa incluye un presidente, un secretario, dos escrutadores y tres suplentes generales; en casos de consultas populares, se añade un escrutador extra.
La integración se basa en un procedimiento de azar: el Consejo General del INE selecciona dos meses consecutivos del calendario para la insaculación, y las 300 juntas distritales extraen al menos 50 ciudadanos por sección electoral de las listas nominales. Este método busca imparcialidad.
Históricamente, durante el dominio del PRI, estas mesas eran controladas por comités partidistas, lo que favorecía resultados predecibles. Cambios en su conformación han impulsado avances democráticos. En el contexto de la anunciada reforma electoral, se advierte contra propuestas que podrían asignar roles a grupos como los 'siervos de la nación', lo que amenazaría la neutralidad. Es crucial motivar a los ciudadanos seleccionados a participar en esta función cívica, a menudo rechazada.