Ciudades turísticas brasileñas como Ilhabela luchan por equilibrar turismo y preservación ambiental, con propuestas para cobrar una tasa ambiental a los visitantes. El alcalde de Ilhabela la apoya como justa, mientras una investigadora de la USP la critica como una barrera social. El debate, publicado en Folha de S.Paulo, destaca los impactos de la temporada alta en la costa norte de São Paulo.
El debate sobre la tasa ambiental en ciudades turísticas ocupó un lugar destacado en Folha de S.Paulo el 19 de diciembre de 2025. De un lado, Tom Augusto, alcalde de Ilhabela (PL-SP) y presidente del Consorcio de Turismo de la Costa Norte, argumenta a favor. Señala que estas ciudades reciben un flujo de visitantes varias veces superior a su población local en temporadas altas, lo que sobrecarga la infraestructura y genera más residuos. En Ilhabela, con 36.500 habitantes según el IBGE, se esperan 1 millón de visitantes desde diciembre hasta Carnaval, con volúmenes de residuos de unas 2.000 toneladas por mes. «La lógica es simple y justa: quienes usan el territorio contribuyen a su mantenimiento», escribe Augusto, destacando la tasa como herramienta de equilibrio, al igual que en destinos nacionales e internacionales. Los fondos se destinarían a limpieza, gestión de residuos, protección de áreas sensibles y educación ambiental.
Por el otro lado, la profesora de la USP e investigadora en políticas turísticas Ligia Café se opone. Considera la tasa como «atajos de ingresos disfrazados de virtud preservacionista» que penalizan perfiles turísticos específicos, sobre todo los de bajos ingresos. Café apunta que el turismo ya aporta vía impuestos como ISS e ICMS, y que São Paulo cuenta con asignaciones para Municipios de Interés Turístico (MIT) y balnearios. Citando Venecia, donde la tasa no redujo significativamente los visitantes, defiende una mejor gestión de los recursos existentes en vez de nuevos cobros. «La sostenibilidad no se construye limitando el acceso al ocio de las personas de bajos ingresos», afirma.
Ilhabela planea implementar la tasa este verano, reflejando dilemas comunes en ciudades costeras como Caraguatatuba y Maresias. El debate impulsa discusiones sobre turismo sostenible sin comprometer la accesibilidad.