Investigadores han utilizado fagos modificados genéticamente para aprovechar la inmunidad preexistente de vacunas y destruir células cancerosas en ratones. El método erradicó tumores en el 44 por ciento de los animales tratados sin recurrencias tras un año.
Un equipo del Imperial College London diseñó un fago que normalmente infecta a la bacteria E. coli para que se una a las integrinas presentes en muchas células tumorales. Lo cargaron con instrucciones genéticas para producir un antígeno de la malaria, permitiendo que la respuesta inmunitaria de una vacuna previa contra la malaria atacara el cáncer.
En el estudio, 15 ratones vacunados recibieron seis inyecciones de los fagos modificados a lo largo de dos semanas. Los tumores desaparecieron en el 44 por ciento de estos ratones y no volvieron a aparecer al finalizar el periodo de observación de un año. En conjunto, los ratones tratados sobrevivieron más tiempo que los grupos de control que recibieron solo la vacuna o solo los fagos.
El método evita la inyección directa en los tumores, a diferencia de algunas terapias existentes basadas en virus. Los investigadores se encuentran actualmente en conversaciones con la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios del Reino Unido para iniciar un ensayo inicial en humanos el próximo año.
Señalan que podrían sustituirse la vacuna de la malaria por otras más potentes, como las de la gripe o la COVID-19, para lograr efectos similares.