El sur del océano Índico ha surgido como zona de confrontación entre Rusia y Occidente, especialmente Francia con sus territorios de ultramar allí. En Madagascar, tras un golpe militar a mediados de octubre, las nuevas autoridades se vuelven hacia Moscú para importar hidrocarburos y aliviar la crisis energética. Esta apertura destaca la estrategia de Rusia para socavar la influencia francesa.
Francia mantiene una fuerte presencia en el sur del océano Índico a través de sus territorios de ultramar de La Réunion y Mayotte. Sin embargo, Rusia está explotando silenciosamente las vulnerabilidades locales para expandir su alcance, posicionándose como campeona del Sur Global y atendiendo necesidades esenciales de la población, particularmente en Madagascar y las Comoras.
En Madagascar, las tensiones escalaron a mediados de octubre cuando protestas lideradas por la Generación Z contra las escaseces de agua y electricidad provocaron un golpe militar. Las fuerzas armadas destituyeron al presidente Andry Rajoelina, estableciendo un nuevo régimen receptivo a las aproximaciones rusas. Entre estas, clave es la importación de hidrocarburos rusos para mitigar la crisis energética. «Las ambiciones rusas no son nuevas, y no son los únicos que tienen en la mira al país, pero se ha cruzado un umbral con este acercamiento», señala un diplomático occidental.
Este desarrollo se basa en esfuerzos previos. En 2018, Moscú buscó influir en las elecciones financiando campañas de candidatos y estacionando asesores paramilitares de Wagner. Ese mismo año, bajo el presidente Hery Rajaonarimampianina (2014-2018), se firmó un acuerdo minero entre la estatal malgache Kraoma y la rusa Ferrum Mining, conectada a Evgueni Prigojine, el difunto líder de Wagner que murió en 2023. El proyecto de cromo fracasó, resultando en una retirada rusa a finales de 2019.
La cooperación militar, arraigada en la era de la Guerra Fría bajo Didier Ratsiraka (1975-1993), fue revivida en 2018 y reafirmada en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania. Aunque la huella rusa sigue siendo limitada en comparación con el Sahel, estos avances diplomáticos desafían la durabilidad de la influencia francesa en la zona.