Datos preliminares de febrero de 2026 indican una pérdida de impulso en la economía mexicana, tras un arranque prometedor en enero. Las ventas de automóviles cayeron ligeramente y el empleo formal creció de manera débil, aunque no hay indicios de recesión.
La economía mexicana cerró 2025 con un crecimiento moderado del PIB de 1.8 por ciento respecto al año anterior, impulsado por un avance de 0.9 por ciento en el cuarto trimestre. El Indicador Oportuno de Actividad Económica (IOAE) del INEGI anticipó para enero de 2026 un crecimiento mensual de 0.3 por ciento y anual de 2.3 por ciento, señales positivas que sugerían una mejoría.
Sin embargo, los primeros indicadores de febrero introducen dudas sobre la sostenibilidad de ese dinamismo. El INEGI reportó ventas de 118 mil 297 vehículos ligeros en febrero, una caída de 0.3 por ciento interanual, en contraste con el aumento de 9 por ciento en enero. Este mercado, que refleja el ánimo del consumidor, decisiones de gasto y acceso al crédito, indica mayor cautela en los hogares.
El Indicador de Pedidos Manufactureros bajó 1.3 puntos a 50.2 en febrero, manteniéndose apenas por encima del umbral de expansión. La confianza del consumidor retrocedió 0.6 puntos en enero, con deterioro en la percepción de la situación económica y el empleo. En empleo formal, se crearon solo 18 mil 882 puestos en febrero, un crecimiento de 0.4 por ciento interanual, frente a 119 mil 385 en el mismo mes de 2025.
Estos datos no señalan una crisis, pero sí un enfriamiento. El consenso de analistas del Banco de México proyecta un crecimiento de 1.5 por ciento para 2026. En un contexto de incertidumbre externa, como la revisión del T-MEC y amenazas arancelarias de Estados Unidos, la pérdida de vigor en consumo e industria podría impactar el desempeño general. Se necesitarán más indicadores para determinar si febrero fue un bache temporal o el inicio de estancamiento.