Robert F. Kennedy Jr. admitió haber dejado el cadáver de un cachorro de oso en Central Park de la ciudad de Nueva York en 2014, describiendo el acto como algo destinado a 'ser divertido'. Registros recién obtenidos por WIRED detallan la carga de limpieza impuesta a los funcionarios civiles de la ciudad. El incidente, ahora público gracias a estos documentos, destaca las consecuencias de la inusual decisión de Kennedy.
En 2014, Robert F. Kennedy Jr., conocido comúnmente como RFK Jr., se topó con un cachorro de oso muerto y decidió transportar su cadáver a Central Park en la ciudad de Nueva York. Según su propio relato, lo dejó allí con la intención de crear una situación humorística, afirmando que se hizo para 'ser divertido'nnRegistros adquiridos recientemente por WIRED a través de solicitudes de información pública revelan los desafíos significativos que enfrentaron los funcionarios civiles de Nueva York para manejar la situación. Estos documentos detallan el desorden logístico y procedimental causado, incluyendo la necesidad de procesos especializados de remoción y eliminación de los restos animales en un espacio público de gran afluencia.nnLa colocación del cachorro de oso en Central Park, un icónico oasis urbano, generó preocupaciones inmediatas sobre la seguridad pública y los protocolos de gestión de la vida silvestre. Los trabajadores municipales tuvieron que coordinar con las autoridades pertinentes para asegurar un saneamiento adecuado y evitar riesgos sanitarios para los visitantes del parque. Si bien la explicación de Kennedy presenta el suceso como una broma inofensiva, los registros resaltan las disrupciones reales que provocó en las operaciones municipales.nnEsta revelación llega años después del incidente, motivada por el continuo interés en las anécdotas personales de Kennedy en el contexto de su perfil público. La historia sirve como recordatorio de cómo las acciones individuales pueden impactar los recursos públicos en áreas densamente pobladas como Nueva York.